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La lluvia normal tiene un valor ligeramente ácido, un pH entre 5 y 5,5. Pero si el agua de lluvia reacciona con algunos contaminantes (óxidos de azufre y de nitrógeno,principalmente) procedentes de la quema de combustibles fósiles, producen ácido sulfúrico y ácidos nitroso y nítrico. Entonces, la lluvia se vuelve mucho más ácida, alcanzando un valor de pH de 4.
SO3 + H2O → H2SO4
2NO2 + H2O → HNO3 + HNO2
Aunque las precipitaciones ácidas suelen ser líquidas, también pueden ser sólidas, en forma de hielo o de nieve.
La lluvia ácida es un problema regional o transfronterizo. Los contaminantes se generan en una región y la precipitación ácida puede producirse en una zona no muy lejana hacia donde los vientos han arrastrado los contaminantes.
Aunque la lluvia ácida no cause unos daños directos sobre la salud de las personas, sí causa otros daños importantes que afectan a las personas. La lluvia ácida estropea los ecosistemas, ya que actúa:
Al caer la lluvia sobre las aguas, o por escorrentía, la acidez daña a los organismos acuáticos más sensibles, que desaparecen paulatinamente.
La acidez del agua daña las hojas de las plantas, que se vuelven amarillas y caen, provocando la muerte de la planta. Además de los vegetales, también se ve afectada la fauna de la zona.
Los suelos se acidifican y se alteran las reacciones químicas que tienen lugar en él. La acidez hace que se disuelvan los metales pesados y disminuyan los nutrientes, por lo que es un riesgo para la vida de los vegetales y microorganismos.
La lluvia ácida también puede corroer algunos materiales urbanos, como metales o materiales de construcción, como en el caso del mal de la piedra, que hace que algunos edificios antiguos y monumentos se ven afectados por este tipo de contaminación,especialmente los hechos con calizas.
Algunas de las medidas que se pueden tomar para reducir los efectos de la lluvia ácida son:
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